sábado, noviembre 24, 2012

Cerrado, estamos mirando fútbol.

Diez mil personas pendientes de sus piernas. Se topan con Dios y le meten un gol. Y sí, para eso estan para sentirse dioses haciendo un gol contra Inglaterra. Pero no tienen que permitirse sentirse dioses en una religión que no permite ateos. Además el corazón de la tribuna esta por estallar, por cada suspiro y sobre todo...por gritar un gol.

Pero ahí va el pibito gambeteando, esquivando a sus rivales, un exceso de trabajo, pero que mas da, es un trabajo bien pagado y al final de todo ese silencio que lo acompaña hasta el arco a veces se convierte en ruido, en llanto y hasta a veces en gol.

Ningún hincha entenderá que no les importa que camiseta ellos usen o de que club son. Al verdadero jugador solo le importa hacer una buena jugada e irse con un gol a casa. Aunque nunca falta el jugador con corazón en forma de dolar.
Todos conocemos a la madre el arbitro y de mala manera, pobre mujer... ¿Alguien le habrá gritado algo lindo alguna vez?.

El fútbol es llamado violento pero la culpa la tienen los hinchas. Por eso, la culpa de la fiebre no la tiene el termómetro, y en este caso la culpa no la tiene el fútbol. Ojala que todos cuando miramos un partido en casa o estando en el estadio o el jugador mismo pisando la cancha, ojala que todos nosotros olvidemos el deber de ganar o ganar y donde el perder esta prohibido. Realmente si bajamos un cambio muchachos, vamos a poder gozar el placer del fútbol.



Cuando me empiece a quedar sola.

Por instantes quisiera saber si en verdad piensas en mi. La curiosidad me cuestiona, pero le digo que no, que no quisiera meterme tan a fondo en un terreno desconocido y saber tantas verdades juntas.

Esos verdaderos pensamientos que me llegarían a lastimar y porque no, a romperme el corazón. La felicidad solo es real cuando es compartida y me molesta ser la única que mueve la fichas en este juego llamado amor.

No tuviste el valor de ver quien soy y puedo llegar a apostar a que el mar me quiere más que vos. Ese mar que me da tranquilidad y golpes duros, pero me da la chance de sentirme fuerte cuando vos me haces sentir débil.

Me siento del polo opuesto diciendo que por lo menos sabemos que en la vida no necesariamente es importante ser fuerte, sino sentirse fuerte.
Y esta despedida es porque "la libertad y la simple belleza son demasiado buenas para dejarlas pasar" y no quiero que eso suceda ni tampoco arrepentirme en el día de mañana al darme cuenta que pude haberle puesto el punto final.

"Te voy a extrañar, pero estas equivocado si pensas que la alegría de la vida viene principalmente de las relaciones humanas" aunque no lo veas, el amor esta en todas partes y en nosotros mismos. Se que aunque te diga todo esto, tus reglas son distintas a las mías. Siento tu llegada tanto como tu partida, sobre todas las cosas.