Pero ahí va el pibito gambeteando, esquivando a sus rivales, un exceso de trabajo, pero que mas da, es un trabajo bien pagado y al final de todo ese silencio que lo acompaña hasta el arco a veces se convierte en ruido, en llanto y hasta a veces en gol.
Ningún hincha entenderá que no les importa que camiseta ellos usen o de que club son. Al verdadero jugador solo le importa hacer una buena jugada e irse con un gol a casa. Aunque nunca falta el jugador con corazón en forma de dolar.
Todos conocemos a la madre el arbitro y de mala manera, pobre mujer... ¿Alguien le habrá gritado algo lindo alguna vez?.
El fútbol es llamado violento pero la culpa la tienen los hinchas. Por eso, la culpa de la fiebre no la tiene el termómetro, y en este caso la culpa no la tiene el fútbol. Ojala que todos cuando miramos un partido en casa o estando en el estadio o el jugador mismo pisando la cancha, ojala que todos nosotros olvidemos el deber de ganar o ganar y donde el perder esta prohibido. Realmente si bajamos un cambio muchachos, vamos a poder gozar el placer del fútbol.